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La salud mental es más difícil en la era de la longevidad

  • Foto del escritor: Juliana E. Arango
    Juliana E. Arango
  • 27 ene
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 15 feb

A hipótese numérica dos parâmetros do que pode ter sido a qualidade de vida (QoL) antes do nascimento da ciência demográfica foi calculada considerando os valores em termos de proporção populacional por país. Medição da QoL na atualidade: https://www.numbeo.com/quality-of-life/rankings_by_country.jsp?title=2025-mid&displayColumn=0. . Para fins de visualização, nessa gráfica se usaram valores proporcionais entre idade Vs índice de QoL.                                                                                  Observe que o aumento da expectativa de vida não  aumentou os níveis de QoL dos seres humanos ao longo da história, que na verdade, caíram muito.
La hipótesis numérica de los parámetros de lo que pudo haber sido la calidad de vida (QoL) antes del surgimiento de la ciencia demográfica se calculó considerando valores en términos de proporción poblacional por país. La medición actual de la QoL se basa en los datos de Numbeo (2025): https://www.numbeo.com/quality-of-life/rankings_by_country.jsp?title=2025-mid&displayColumn=0. Con fines de visualización, en esta gráfica se utilizaron valores proporcionales entre la edad y el índice de QoL. Observa que el aumento de la esperanza de vida no ha incrementado los niveles de QoL de los seres humanos a lo largo de la historia; por el contrario, estos han disminuido de manera significativa.

Conceptos científicos para medir la vida de los individuos en la sociedad incluyen términos como “expectativa de vida” o “calidad de vida” (QoL). La expectativa de vida mide el promedio de años que una persona puede esperar vivir en una determinada población: dependiendo del sexo, género, año de nacimiento, región, estilo de vida, clase social, escolaridad, acceso a servicios de salud o a agua potable, etc. Ahora bien, después de más de 40 mil años de existencia, nuestra especie pasó a esperar tener vidas mucho más largas en años, en general. El precio de eso ha sido la reducción de niveles básicos de bienestar (debido a factores como la desigualdad), la destrucción de la conexión humana y del sentido de la existencia, además de conocidos fenómenos contradictorios de agotamiento en el trabajo, si consideramos que hoy existen muchas tecnologías que podrían facilitarlo.


Propongo que analicemos estas cuestiones a la luz de la salud mental (SM); que evaluemos la duración de las diferentes fases de la vida y que reflexionemos sobre los factores que las separan. Así podremos comprender mejor en qué se relacionan nuestra autonomía, nuestras habilidades y actividades a lo largo de la vida, y nuestros papeles sociales con la sostenibilidad de nuestra existencia, y en qué se relaciona esa sostenibilidad con la salud mental (SM).


Las fases de la vida tienen características propias debido a lo que tiende a suceder en momentos específicos de nuestra existencia a nivel físico, social, intelectual, ocupacional, así como en términos del sentido que le damos a nuestra vida (lo que para muchas personas representa lo espiritual). En general, se habla de 4 fases: infancia, adolescencia, adultez y vejez y, en general, se piensa que la primera termina alrededor de los 11 años, que la adultez comienza en algún punto entre los 18 y los 24, y que la vejez comienza después de los 60. Existen fundamentos legales, médicos y políticos para definir los límites entre una edad y la siguiente, pero, en la práctica, la realidad depende de lo que los individuos de hecho logren hacer y vivenciar en cada momento.


Hasta hace un siglo y medio, para el promedio de la población mundial, “ser adulto/a” dependía de tener 3 capacidades: poder trabajar con las manos y el cuerpo, poder engendrar y demostrar capacidades para actuar según el género (femenino, masculino, a veces otros géneros en la cosmovisión de los pueblos), tanto en la familia como en el contexto social inmediato. Hasta hoy persisten creencias según las cuales esos tres requisitos definen la adultez. Claramente, cada contexto cultural determinó de qué formas específicas se trabajaría la tierra, se cuidaría de quien lo necesitara, o se seguirían rutinas y rituales según el género, pero la adultez se definía por esos únicos requisitos.


Las personas que alcanzaran la fase adulta en dichos contextos ya se depararían con el entendimiento del sentido y el objetivo de sus existencias. Ellas ya sabrían para qué y cómo iban a vivir, hasta morir, lo que ocurriría en algún momento antes de los 40 años de edad. ¡Sí! La gran mayoría de las personas en el mundo, hasta hace menos de 200 años, sabía que moriría antes de cumplir 40 años. Más detalles en: https://ourworldindata.org/grapher/life-expectancy.


No es que no hubiera nunca octogenarios/as, pero ciertamente antes del desarrollo de tecnologías públicas (transportes, energía, electricidad, agua limpia, etc.) y de tratamientos médicos para más personas (vacunas, antibióticos, anestesia, asepsia, anticonceptivos, etc.), la longevidad era excepcional. Con dichas tecnologías, la expectativa de vida se prolongó democráticamente al punto de que, cuando nos enteramos, estas estadísticas históricas nos parecen sorprendentes. Es importante reflexionar sobre los efectos que los cambios inusitados en la expectativa de vida mundial generaron en el funcionamiento psicológico social humano.


La SM humana en la actualidad es mucho menos alcanzable que antes, y prueba de ello es que no todo cuerpo adulto saludable, con inteligencia normal, es una mente preparada para la autonomía. Los requisitos para la autonomía se transforman con las tecnologías. Esta lógica conlleva sentimientos de extravío, confusión, miedo, soledad, incapacidad y frustración, que imposibilitan el desarrollo de una vida con objetivos, paz y bienestar.


Alcanzar la adultez: algo cada vez más incierto


¿Será que, entre los 18 y los 24 años (edad en la que, además de ser fértiles, ya alcanzamos la altura definitiva según el sexo y, quizá también el estatus de persona adulta ante la ley), el promedio de personas saludables son adultas? ¿Será que la tendencia es que ya se tenga la preparación para una vida independiente, tanto en lo material como en lo intelectual y moral, incluso en términos ocupacionales, o de talentos sostenibles que traigan seguridad y posibilidades para escoger lazos y cuidar el conjunto familiar, respondiendo a los desafíos cotidianos de la vida? Durante milenios, la respuesta a esas preguntas fue positiva en cualquier lugar del mundo.


En nuestra realidad actual, globalizada, cosmopolita, urbana, virtual, no es quien puede trabajar con el cuerpo, reproducirse y hacer cosas específicas para encajar en antiguos papeles sociales de género, quien tiene acceso a vivir una vida adulta autónoma y plena.


Te invito a hacer una consulta libre sobre lo que la ciencia dice respecto del tiempo de desarrollo que el cerebro humano necesita para formarse y estar preparado para los desafíos de la vida autónoma actual. Una pista: está alrededor de los 30 años. Ahora bien, ¿ya pensaste que las habilidades y recursos de las personas se vuelven rápidamente obsoletos en el contexto actual y que perder la autonomía hoy significa algo diferente a lo que ya fue? Las fases de la vida no son lo que solían ser.


La vejez ya no es la fase en la que la persona deja de cuidar a otros/as en términos prácticos, para dedicarse a cederles a los jóvenes sus conocimientos, darles información crucial y enseñarles filosofías de vida relevantes. Tampoco es un requisito para participar de manera privilegiada en la toma de decisiones del grupo social. Todo esto tiene un impacto en la salud mental y física de los seres humanos contemporáneos.


La indefinición de nuestro lugar en el mundo nos genera mucho miedo


Hace algunas décadas comenzamos a no entender, con el simple uso del sentido común, las consecuencias de los cambios en cada fase de la propia vida. En general, para llegar a la adultez, comenzó a ser necesario más tiempo, más estudios, socializar con más personas en un contexto social cada vez más amplio, incluso virtual; comenzó a ser necesario tener más preparación y esperar activamente mucho más: hacer muchas más cosas sin que parezca que habrá frutos. Tuvieron que surgir cada vez más leyes con objetivos más complejos, transnacionales, y mucho más allá de lo que la religión o creencia de nuestros ancestros nos enseñó a lo largo de milenios sobre lo que había o no qué hacer. La sensación constante de inseguridad, insuficiencia y frustración es la consecuencia lógica.


Incluso hoy en día existe un contexto institucional y legal que hace que, para vivir según el grado de complejidad de la autonomía adulta en el mundo de hoy, necesitemos dejar muchas decisiones en las manos de personas con autoridad para resolver nuestros problemas. Un ejemplo de eso es que necesitamos profesionales de la medicina para conocer una cura y hasta para tener acceso a ella. Los profesionales de la SM nos brindan respuestas de manual sobre cómo sufrimos: muchas veces respuestas que no atienden nuestras necesidades. Al mismo tiempo, vivimos en una era en la cual es muy peligroso funcionar en aislamiento y sin una comprensión de lo que sentimos y necesitamos, dada la complejidad de los requisitos actuales para la autonomía.



Incluso, es común que sintamos la necesidad de cuestionar las respuestas que nuestras tradiciones les dieron a los problemas cotidianos de tiempos pasados, por lo cual también podemos sentir como necesario el desarrollar una cierta madurez emocional que las generaciones anteriores nunca necesitaron alcanzar. En los tiempos actuales, siempre hay algo nuevo que “podría” hacerse, estudiarse, vivirse, consumirse, etc. O sea, ahora existen muchas opciones, pero también muchas necesidades que solo tienen sentido a la luz de las circunstancias individuales.


¿Te imaginas lo que todo eso causa en la psique o en la mente de quien envejece, o en la mente de quien tiene edad adulta legal, pero descubre que su autonomía está bajo constante amenaza y a merced de lo que pueda hacer individualmente para adaptarse? Ya no podemos disfrutar, como nuestros ancestros milenarios, la facilidad intuitiva de encajar con la expectativa de nuestros padres y abuelos/as, ya que esta ya no conecta con las lógicas de nuestro tiempo. Ahora bien, el sentido y el objetivo de la existencia humana dependen de nuestro entendimiento sobre cómo vivir la propia vida, diferentemente según la fase y hasta cuándo, más o menos.


Salud Mental (SM): ¿qué es, a final de cuentas?


SM no significa que la persona tenga acceso a médicos psiquiatras, a medicaciones, o a psicoterapias de bajo costo, si bien eso está relacionado. No significa tampoco la ausencia de locura o trastorno mental. De hecho, SM significa que algunas cosas están presentes; cosas más funcionales, por así decir. Por ejemplo, que existe la capacidad de hacer actividades necesarias en la vida cotidiana, o de relacionarse con otras personas sin por ello sufrir. O sea, “ser funcional” o “relacionarse” no son cosas que ayuden a tener SM si esas cosas representan exigencias aversivas, dolorosas o desagradables. Recuerda la gráfica que aparece arriba: La calidad de vida (QoL) está relacionada con la SM porque la hace posible, ya que la QoL posibilita vivir una vida digna todos los días, según el contexto social, histórico y geográfico.


Infortunadamente, en ausencia de una perspectiva crítica, "funcionar" y "relacionarse" suelen convertirse en obligaciones productoras de enfermedad mental y mucho malestar; deberes morales pesados y dolorosos. Por lo que se sabe sobre SM, cuando no hay condiciones dignas, espacio para la individualidad, el placer, relaciones mutuas y recíprocas, o cuando falta un deseo activo de sentirse en paz, aparecen relaciones y funciones mediadas por la violencia cotidiana y la imposición. En estas condiciones, la SM es inviable. En este punto es interesante reflexionar que no es porque alguien tiene un cuerpo que funciona, y que es saludable y longevo, que la persona es feliz y tiene SM.


¿Y el caso por caso?


Debido a múltiples razones individuales, no siempre hay condiciones para que las personas se adapten a un papel social esperado o culturalmente “apropiado” que pudiera “garantizar” un encuadramiento ideal del individuo en categorías de bienestar, funcionamiento o relaciones. Las normas no garantizan la SM. Es necesario que sea posible que el sujeto transforme su relación con las expectativas que la cultura, la tecnología, la autoridad, los expertos, las creencias y otras personas tienen sobre su vida.


SM es la dicha de ocuparse en ser y cambiar a lo largo de la existencia individual. Es participar en la cultura y en el grupo social de alguna forma que tenga sentido para el sujeto, que no cause sufrimiento y que justifique esfuerzos transitorios y algunas dificultades calculadas. El bienestar físico ayuda, claro, pero independientemente de la cantidad de años que se llegue a vivir y de algunas condiciones hereditarias, por ejemplo, la SM tiene que ver con conocerse y discernir opciones libres para vivir la vida.


¿Podrías pensar en lo que sientes debido a la complejidad de la vida cultural, social y tecnológica actual, en la cual nuestra especie solo muy recientemente comenzó a vivir, y para cuya adaptación todavía va a necesitar milenios? Estas y otras reflexiones ya han orientado mi trabajo en el consultorio Psi: para la construcción de entendimientos y soluciones individuales del caso por caso. Te invito a construir una longevidad digna, al reflexionar sobre las implicaciones que una vida extensa tiene sobre la SM.



 
 
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