No necesitas "controlar" lo que sientes. En todo caso, no podrías.
- Juliana E. Arango
- 3 mar
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Actualizado: 6 mar
Seguramente ya has escuchado sobre la supuesta importancia o siquiera sobre la posibilidad de “gerenciar emociones” e incluso sobre la “inteligencia emocional”, y tal vez ya hayas pensado que la idea detrás de todo esto es positiva o útil. Pero ¿cómo así que “útil”? En el trabajo con la salud mental humana no existe lo obvio. Vamos primero a separar algunas cosas: por un lado está la persona que siente las diversas emociones de la naturaleza, como miedo, rabia, tristeza, felicidad, vergüenza, culpa, envidia, pesar, asco, amor o ternura; por otro lado, están todas las demás personas alrededor de quien siente. Ahora bien, ¿cómo así que "naturaleza"?
Desde el punto de vista de la biología, no es posible escapar del funcionamiento natural del cuerpo, y las emociones son un funcionamiento fisiológico y comunicativo de las diversas especies animales, cada una a su manera específica. Ciertamente, las emociones de un gato o de un mono son mucho más complejas que las de una mariposa o las de una lagartija, y cada caso es particular. Ciertamente, cada especie animal tiene su propia fisiología, y no todas viven en grupo ni necesitan interactuar o comunicarse con otros individuos de su especie para sobrevivir.
Si estás lista/o para recordar que somos una especie social, con una fisiología y un lugar en la cadena alimenticia, vas a comprender que no se puede controlar el torrente sanguíneo alrededor de un aneurisma, así como no se puede no sentir rabia entre las 7 de la mañana y las 5 de la tarde. Con “fisiología”, necesitamos entender que algo está cumpliendo una función de una forma específica. Las emociones son, antes que nada, un fenómeno fisiológico natural.
Por un lado, hay algunas emociones que generan la tendencia a aproximarnos a otras personas, lugares o cosas mediante actitudes, acciones o conductas. Por otro lado, hay otras que generan la tendencia opuesta, alejando a la persona del objeto de la emoción. En el lenguaje de la psicología existe el concepto de estímulo, que a veces es "apetitivo" y a veces es "aversivo”; la lógica es la misma. Vale comentar que la palabra “emoción” ya trae la idea de "moción", que se refiere a un propósito o finalidad, y que viene del latín movere, que significa movimiento.
Pero independientemente de la dirección del movimiento emocional, las emociones pueden ser positivas (agradables) o negativas (desagradables). En un caso, un ser humano o un animal se moverá en una dirección de aproximación o de repetición si la consecuencia es algo agradable: con la alegría, el amor, el humor, la calma, el alivio, etc. O se moverá en el sentido de alejarse, o de eliminar algo desagradable: es el caso del miedo, del asco, de la vergüenza, de la culpa, etc. En el caso de la tristeza, del agotamiento emocional o de la perplejidad, el movimiento va a tender a ser la quietud o, inclusive, la retirada, como consecuencia de sensaciones mayormente desagradables. Ya para el caso de la rabia, muchas veces el "deseo" va a ser un movimiento de aproximación, en el contexto de un estado emocional muy “negativo”.

De este modo, las emociones son funciones y movimientos naturales del reino animal que, en el caso de las personas, existen para permitirles lidiar con el ambiente de socialización e interacción de la cultura humana. Nuestras emociones existen para indicarle a nuestra mente, vía alteración del organismo y de sensaciones físicas, cómo está la relación con el ambiente. Concordemos en que el ambiente natural y cultural donde el ser humano se encuentra a veces es amenazador.
Las emociones sirven para priorizar y actuar rápidamente.
Todas las emociones activan mecanismos anatómicos y fisiológicos complejos, y todas ellas obligan al cuerpo a reaccionar de alguna forma particular. Es lo mismo con cualquier fisiología corporal. Piensa que sería imposible convencer a tu cuerpo con el pensamiento, que tu pierna no se rompió, que no hay dolor ni inflamación, que no habrá consecuencias y que puedes salir directamente a trabajar, como si nada hubiera pasado.
En el caso de las emociones, aunque no haya mucha energía corporal disponible, o aunque existan múltiples asuntos que necesiten de atención, cuando alguien siente alguna de ellas, no puede ignorarla y no puede continuar su vida como si nada hubiera cambiado. Si pensamos que cada emoción tiene una fisiología distinta porque tiene una función diferenciada, podemos pensar en un ejemplo: la rabia, que es una emoción muy difícil de ignorar, hace que la persona sienta la necesidad de destruir al otro, o sea, de aproximarse para después alejarlo. No importa que se tomen otros caminos para evitar una catástrofe, lo que importa es que la rabia moviliza formas para evitar el mal que ese otro pretende o parece que pretende causar, o que en el futuro tenga las mismas posibilidades de causarlo. Concordemos en que la rabia se relaciona con interpretaciones de "malas" intenciones externas, riesgos presentes y futuros, y prevenir el desperdicio de energía.
Es similar a la alegría, que genera un movimiento de aproximación y repetición, pero esta vez debido a sensaciones positivas. ¿Qué función imaginas que podría cumplir la tristeza, con la que parece que el movimiento se neutraliza? ¿Para qué pondría el cuerpo a una persona a quedarse encerrada en casa, sin hacer muchas cosas, sin socializar, pensando en un único conjunto de asuntos, y encima siendo juzgado/a por una sociedad que valoriza el alto desempeño, la productividad y el consumo asíduo? ¿Cuál de las siguientes respuestas crees que es más plausible para el caso?
a. La tristeza hizo que el cuerpo se enfermara y necesitara que seas maltratado/a o destruido/a por otros más fuertes.
b. La tristeza “quiere” que no gastes energía en cosas que no sean urgentes. Algo urgente en lo que ella "quiere" que pienses es entender un evento reciente que la causó, como la incerteza y el vacío después de una pérdida o la terminación de un ciclo.
c. La tristeza apareció porque tu cuerpo necesita quedarse quieto y no molestar a nadie ni señalizar tu presencia en un ambiente peligroso.
Las emociones son "análisis" que nuestra fisiología hace para reevaluar cuál será la mejor manera de usar la energía corporal y en qué, por ser importante para la autopreservación. Debes haber pensado que la opción a suena ilógica o contradictoria, que la c se refiere más bien al miedo, y que la b tal vez tenga más sentido. El cuerpo no es un recipiente infinito de fuerza y energía corporal y mental, y no disponibiliza esas capacidades para siempre, ni principalmente para nuestras preferencias conscientes o ideales. Podemos gastar un montón de energía en cosas que nos parecen “buenas” por ser divertidas o porque nos parecen moralmente apropiadas, por ejemplo, pero si no conllevan nuestra protección en el sentido biológico, el cuerpo terminará por ahorrar recursos para lo urgente.
Por medio de los sentidos y de las emociones, entendemos cuáles peligros y posibilidades existen para sobrevivir, y además para comunicar a otros lo que sabemos a ese respecto: sea mediante gestos, posturas corporales o sonidos. En el contexto social, el objetivo biológico de la comunicación es que el grupo sobreviva y se apoye. En el caso humano, tenemos el lenguaje hablado, que, en teoría, tiene el potencial de ser una herramienta de supervivencia grupal.
No es posible disimular lo que el cuerpo nos hace sentir.
Es importante analizar la función autoprotectora de cada emoción de forma independiente, pero también es importante entender por qué las emociones pueden ser "leídas”. Cada emoción se vale de partes del cuerpo, órganos, músculos y funciones que, en su conjunto, configuran situaciones visibles para otros y con un significado social: quedarse sin reacción, no tener ánimo, sonreír, apretar los puños, tomar una postura desanimada sin notarlo, etc.
Volviendo al miedo, por ejemplo, es ventajoso para mis vecinos el que puedan darse cuenta de que estoy aterrorizada por algo que acabó de pasar en mi propiedad. Ellos van a saber por mi expresión facial, mi voz y mi postura que algo pasó. Por vivir a mi lado, lo que me pasó quizá pueda pasarles a ellos también, y ellos necesitan saber a tiempo para tomar medidas oportunamente. En mi beneficio, inclusive, ellos van a tener algún nivel de interés en venir a socorrerme.
¿Podrías pensar por un momento qué les informa a otras personas que tengas una expresión, una gestualidad, un tono de voz y una postura de ternura o amor? ¿Será que quien ve se tensiona y se prepara para reaccionar con mucha fuerza en los brazos y con una respiración acelerada, o será que el cuerpo de esa persona activa una fisiología de calma que la haga sentir cómoda, dispuesta a sonreír, a socializar y colaborar? Recordando que la socialización y la comunicación existen en la naturaleza como estrategias de supervivencia del colectivo.
Salvo por la dramaturgia o la intención activa de engañar, lo que aún tendría un propósito social, todo el mundo sabe cuándo alguien está enojado, cansado, con asco o cuando alguien está alegre o triste. Ciertamente, no todo el mundo es buen "actor" o "actriz", ni es siempre al otro a quien queremos engañar. Sin embargo, en términos evolutivos, prestando atención a los detalles, casi cualquier persona, en alguna medida, va a darse cuenta de que alguien tiene un problema o que alguien identificó una buena oportunidad de supervivencia y bienestar: al observar sus emociones.
Sabemos entonces que la información es importante para tomar decisiones y que las emociones son un lenguaje que decodifica información importante. Pero ¿para qué alguien podría necesitar saber que te sientes mal o que sientes insatisfacción? ¿Qué información podría haber por detrás de ese conocimiento y para la utilidad de quién? Por cierto, ¿por qué será que esa pregunta tiende a generar sentimientos de recelo, vergüenza y desconfianza? ¿Será que es por eso que alguna vez desististe de hablar con un profesional o incluso con alguien de tu círculo cercano/red de apoyo?
La sociabilidad humana en la cultura y los riesgos de vida que los individuos corren en las sociedades humanas de hoy son diferentes a los que nuestros ancestros prehistóricos experimentaban. Podemos entender que la vida de hoy es mucho más ocupada, llena de ruido, de personas, diferencias, ítems, obligaciones, leyes, facturas, desigualdades, etc., y que, de hecho, hay menos disposición, tiempo y recursos para que las personas se acojan unas a otras con calidad. Aún así, es peligroso perder vitalidad o condiciones de vida cuando hablamos e intentamos demostrar y creer en algo diferente a lo que las emociones nos indican.
Un ejemplo práctico sobre eso, en conexión con el miedo, podemos ser llevados/as a pensar que es ventajoso lograr trabajar como locos/as, sin límite de horario, entregar rápido lo que se nos pide, de forma que podamos "crecer" en una empresa, o por lo menos no perder nuestro empleo. El cuerpo no entiende la realidad de dichos desgastes como algo conveniente. El cuerpo va a cerrar el flujo de energía disponible para eso a partir del momento en el que el nivel de estrés y malestar físico y emocional no logre desaparecer con una rutina básica de descanso, y a partir del momento en que la sintomatología física y mental aparezca. Poco "le importa" a nuestro cuerpo que después sintamos culpa o desamparo por no estar produciendo bajo la lógica de la cultura de la alta productividad.
No es sostenible que siempre parezcamos autosostenibles y capaces de todo solas/os. Puede ser que el famoso "control emocional" en verdad sea muy nocivo para quien lo practica y completamente desventajoso. De hecho, si es que ese tipo de "control" es "ventajoso" para alguien, solo podría serlo para quien está alrededor de quien se encuentra emocionalmente afectada/o, en el sentido de que quienes están alrededor no tendrían que esforzarse. La persona que esconde lo que siente y no molesta a nadie, no deja que nadie sepa que podría ser útil hacer ajustes y esfuerzos para proteger la vida en común, comenzando por quien se encuentra afectado/a en el momento.
¿Cómo hacer entonces?
En contextos de mucha presión y de apoyo social insuficiente, es posible entender por qué es indeseable sentir cosas que nos dejan vulnerables o listos/as para actuar contrariando nuestras estrategias aprendidas de supervivencia autohostiles: perteneciendo a una sociedad que puede ser muy hostil y demandante. Pero con frecuencia, no necesitamos solamente aquello que consta en el plano de la vida práctica, como descanso, dinero, tiempo, medicación, etc. Con frecuencia, en el plano de las necesidades individuales, las emociones nos informan internamente también sobre lo que nos hace mal, o sobre el peligro de perder autonomía y libertad. A veces, somos nosotras/os mismas/os quienes tenemos que ver en nuestra propia dirección y captar lo que dice nuestra expresividad, postura, síntomas, ritmos, vitalidad, mirada, reacciones, gestos, tono de voz, entorno, sueños o la falta de ellos…
Te invito a hablar conmigo sobre lo que sientes... y sobre lo que este texto movió dentro de ti.

